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45 ANIVERSARIO DE TELESECUNDARIAS SEPE

45 ANIVERSARIO DE TELESECUNDARIAS


viernes, 5 de noviembre de 2010

DIA DE MUERTOS 2010

Figuras de la muerte en papel mache en el Museo de Historia, de Tlaxcala.
El grupo de segundo grado escucha la remenbranza de las ofrendas a los muertos, en honor a "ESTEBAN ANGEL VAZQUEZ" que fue la persona que donó el terreno para la construcción de la escuela.
01 de Noviembre 2010
El día de muertos, Los Aztecas y el culto a la Muerte:
La fiesta de muertos está vinculada con el calendario agrícola prehispánico, porque es la única fiesta que se celebraba cuando comenzaba la recolección o cosecha. Es decir, es el primer gran banquete después de la temporada de escasez de los meses anteriores y que se compartía hasta con los muertos. En la cultura náhuatl, se consideraba que el destino del hombre era perecer. Este concepto se detecta en los escritos que sobre esa época se tienen. Por ejemplo, existe un poema del rey y poeta Netzhualcoyotl (1391-1472):

Somos mortales
todos habremos de irnos,
todos habremos de morir en la tierra...
Como una pintura,
todos iremos borrando.
Como una flor,
nos iremos secando
aquí sobre la tierra...
Meditadlo, señores águilas y tigres,
aunque fuerais de jade,
aunque fuerais de oro,
también allá iréis
al lugar de los descansos.
Tendremos que despertar,nadie habrá de quedar.

De sus orígenes, la muerte es el destino inexorable de toda vida humana y es natural que nos asuste y angustie su realidad, sobre todo cuando vemos de cerca el peligro de morir o cuando afecta a nuestros seres queridos.
Los rituales, costumbres y evocaciones de la calaca, la muerte, la huesuda, doña macabra, la flaca, la pelona, la parca, la patona, la peluda, la dentona, etc.........
Tradición que refleja la idiosincrasia del mexicano, el desprecio, el miedo y el dolor que sentimos hacia la muerte se unen al culto que le profesamos. Es decir, que la muerte puede ser una venganza a la vida, porque nos libera de aquellas vanidades con las que vivimos y nos convierte, al final, a todos por igual en lo que somos, un montón de huesos.
Jugar con la muerte es la vida de las familias mexicanas van a los panteones, visitan las tumbas de sus familiares, las limpian y tal vez pintan las lápidas, ponen flores, especialmente flores de muerto cempasúchil o maravillas) y encienden velas.
Comen, toman pulque y tequila, festejan, cantan con o sin mariachis, con violines, con guitarras le dan rienda suelta al folclor y al espíritu de los difuntos.
Las ofrendas, los altares, las calaveras de dulce, el papel picado, los alfeñiques son parte de esta tan singular tradición mexicana; desde Michoacán donde las ceremonias más importantes son las de los indios purépechas del famoso lago de Pátzcuaro, especialmente en la isla de Janitzio, Aguascalientes cuna de Posada, Puebla en Cuetzalán, hasta Oaxaca igualmente importantes son las ceremonias que se hacen en poblados del istmo de Tehuantepec, dejando esta tradición tan arraigada donde esta celebración conserva mucha de la influencia prehispánica del culto a los muertos, las encontramos en Tláhuac, Xochimilco y Mixquic, lugares cercanos a la ciudad de México. Sobre sus altares encienden velas de cera, queman incienso en bracerillos de barro cocido, colocan imágenes cristianas: un crucifijo y la virgen de Guadalupe. Ponen retratos de sus seres fallecidos.
En platos de barro cocido se colocan los alimentos, productos que generalmente ahí se consumen, platillos propios de la región.
Bebidas embriagantes o vasos con agua, jugos de frutas, panes de muerto, adornados con azúcar de color rojo que simula la sangre; galletas, frutas de horno y dulces hechos con calabaza.
En el México contemporáneo, tenemos un sentimiento especial ante el fenómeno natural que es la muerte y el dolor que nos produce.
La muerte es como un espejo que refleja la forma en que hemos vivido y nuestro arrepentimiento. Cuando la muerte llega, nos ilumina la vida. Si nuestra muerte carece de sentido, tampoco lo tuvo la vida,
"dime cómo mueres y te diré cómo eres"
Haciendo una confrontación de los cultos prehispánicos y la religión cristiana, se sostiene que la muerte no es el fin natural de la vida, sino fase de un ciclo infinito. Vida, muerte y resurrección son los estadios del proceso que nos enseña la religión cristiana. De acuerdo con el concepto prehispánico de la muerte, el sacrificio de la muerte -el acto de morir- es el acceder al proceso creador que da la vida.
El cuerpo muere y el espíritu es entregado a Dios (a los dioses) como la deuda contraída por habernos dado la vida.
Pero el cristianismo modifica el sacrificio de la muerte. La muerte y la salvación se vuelven personales, para los cristianos el individuo es el que cuenta. Las creencias vuelven a unirse en cuanto que la vida sólo se justifica y trasciende cuando se realiza en la muerte.
Así entre liberales, conservadores e ideas progresistas, el acontecer de los hechos pasados, presentes y futuros se satirizan en la actualidad formando estas tradiciones y costumbres, una cultura sui géneris de la gracia de jugar con la muerte, asústame panteón con sus leyendas de hechos a través de representaciones en el cine, en el teatro, en la vida misma.

Este sentimiento de la representación del destino se debe entender en el sentido de que el pueblo azteca se concebían como soldados del Sol, cuyos ritos contribuían a fortalecer al Sol-Tonatiuh en su combate divino contra las estrellas, símbolos del mal y de la noche o de la oscuridad. Los aztecas ofrecían sacrificios a sus dioses y, en justa retribución, éstos derramaban sobre la humanidad la luz o el día y la lluvia para hacer crecer la vida.
El culto a la muerte es uno de los elementos básicos de la religión de los antiguos mexicanos. Creían que la muerte y la vida constituyen una unidad. Para los pueblos prehispánicos la muerte no es el fin de la existencia, es un camino de transición hacia algo mejor.
Esto salta a la vista en los símbolos que encontramos en su arquitectura, escultura y cerámicas, así como en los cantos poéticos donde se evidencia el dolor y la angustia que provoca el paso a la muerte, al Mictlán, lugar de los muertos o descarnados que esperan como destino más benigno los paraísos del Tlalocan.

Alumnas de segundo grado

Alumnos de segundo grado y profesora Alma Delia Rodríguez







Ana Karen

Jotjan Cruz Rodríguez

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